El algoritmo ya está en su punto final. Todas las expectativas están superadas.
Y Bogotá ya se alista para compartir al mundo su creación.
Ahora se tiene que pensar en un país vanguardista y olvidar que ya somos uno de tantos, con una esperanza de vida más amplia.
Eso ya no se llama utopía se llama carrera futurista. Escarbar los libros de Marx y demás idealistas que algunos olvidaron..
Se tiene entonces varios ingredientes y uno de ellos es el que más duele, cómo mantener tal envergadura.